Enventiv
Bajo las circunstancias, bajo el peso, la indefinida esencia que trae consigo el pensamiento, la carga que resulta a la hora de exprimir nuestra existencia, hasta el punto de fundirse de tal modo con el entorno, con la vida y las letras. Reflexionando esta tarde respecto a estas cuestiones, un poco difusas, me encuentro muy confundido, queriendo apagar por un momento mi consciencia para poder contemplar mi objetivo de finitud, momento a momento, paso a paso, segundo a segundo, me estorba, sobre manera, me tortura, irrumpe en mi fuero interno, en mi incorporeidad que, habita en mi pensar. Tal vez no sea fácil de comprender, porque es complejo y subjetivo a la hora de manifestar cada una de las vivencias residentes en el andar. ¿Vale la pena cuestionar?, si la iglesia me propone una opción de felicidad, el pensar una plenitud incompleta, pensar se convierte en una tortura y, una parte de mi se deja llevar por ese deseo de retorno a la ignorante felicidad. Cómo desearía dejar de pensar, matar la parte de mi que no se detiene jamás a ser, ¿vivir también es pensar?, la razón inhibe la pasión, pero la hace proclive al vicio, al sinsabor, a lo finito. Es insoportable, basto y pesado. El contraste, es lo leve, lo sencillo, lo inalcanzable, la intemporalidad imaginada e irrealizable. Perdura en mi pensar la falsa idea de libertad, pero en realidad no la alcanzo porque existe una extenuante condena eterna que es la idea de vida y de muerte, de belleza y fealdad, mortalidad e inmortalidad, moralidad e inmoralidad. ¿Pasión o razón? ¿Cuál es mejor?, si el pensar me ha hecho tropezar y la estupidez triunfar, maldita cabeza mía que se empecina en el fracaso, me devuelve al pasado y me retiene en un futuro incierto y desfigurado, incompleto y pesado. Quiero ser leve como pluma al viento, pero mi destino así sería incierto como el caudal de un río turbulento, como el paso de un oscuro pensamiento, o como el duro recuerdo del sufrimiento. ¿Qué importa ahora eso?, si el pasado ya está escrito, lo que sigue es lo que más tortura al pensamiento, el querer predecir miles de padecimientos es lo que no permite el pleno florecimiento del alma en cada momento. Siento que muero lentamente y que aquello que se viene, inevitable, me lastima hasta el punto de no querer seguir viviendo, pero por otro lado, existe, otra parte de mi que desea seguir viviendo, esa parte que quiere el placer terreno y lo busca incluso en medios que transporta inevitablemente al futuro padecimiento del mismo cuerpo, pero ¿será le mente o el cuerpo que desea ese momento?, el cuerpo lo evita a la vez que lo persigue, el alma se niega al cuerpo y se inhibe hasta la locura. Esa inhibición, es la que hace sufrir al cuerpo y, el descontento plasmado por el cuerpo, ataca y lastima a el alma, dualidad que se perpetua en cada momento y que trastorna la esencia del momento y del individuo, la que nos hace vulnerables, frágiles e insignificantes como una pluma llevada por el viento. Al mismo tiempo, una intensa presión nace de adentro, aprisiona el sueño.
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